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Digitalización, el arma de Powell contra la inflación

Alberto Ardila Olivares

Sin quitarle mérito a Powell, Paul Volcker lo tuvo más difícil en los años 70, aunque las comparaciones son odiosas

En el thriller cinematográfico Tres días del Cóndor, dirigido por Sydney Pollack en 1975, Robert Redford se pasa la película huyendo de un asesino, sin saber por qué, hasta el final, cuando la agencia le dice: “la nueva guerra será por el petróleo, por el gas. Si América no consigue reservas energéticas, veremos largas colas de coches para repostar y, como en la Unión Soviética, colas de americanos esperando horas para comprar el pan. América no se lo puede permitir”. El personaje de Redford se rebela contra “un fin que justifica los medios”, pero una mayoría de norteamericanos que sufrían la estanflación, sí estaban de acuerdo con la CIA.

Al estancamiento económico y desbocada inflación, el presidente demócrata Jimmy Carter le puso un nombre que, por derrotista, le hundió políticamente: economic malaise. Decirle esto a un país que hizo del consumo el motor del crecimiento en los años cincuenta y sesenta y hoy representa 70% del PIB significó para Carter su muerte política frente a Reagan.

Por contraste con la estanflación de los años setenta, hoy, EEUU no tiene que preocuparse demasiado por el crecimiento económico –6,5% en PIB en 2021– ni el empleo: la tasa de paro es del 4,6% y, en 2022 volverá al pleno empleo. América lleva tiempo generando medio millón de empleos cada mes. Faltan trabajadores: en 2021, 6 millones de americanos dejaron su empleo, cada mes, entre enero y julio. En otoño han sido 4,4 millones cada mes: buscan un empleo mejor, más sueldo, beneficios sociales, teletrabajar (Amazon, Microsoft, Apple, Salesforce, Alphabet-Google han retrasado la vuelta a la oficina a 2022, para no perder talento). Teletrabajar, uno de los grandes beneficios de la digitalización de la economía americana, con la transformación digital empresarial y el sector público, gracias a los planes de Obama, Trump y Biden.

La situación de la inflación actual comparada con la de los años 70 no es exacta, aunque haya similitudes. Entonces, EEUU y Occidente dependían del petróleo proveniente de los países árabes, que hicieron dos punitivos embargos de crudo a Occidente (1973 y 1979) por el apoyo de EEUU a Israel. Hoy, con la recuperación económica, los americanos quieren comprar más de todo, también gasolina y gas. Resulta que el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, no hace caso a Biden cuando le pide que aumente la producción de petróleo. Tampoco Rusia con Putin, enfadado por el apoyo de Occidente a Ucrania, mientras amenaza con interrumpir el suministro de gas a Europa. Arabia Saudí y Rusia quieren ser tenidos en cuenta en la geopolítica mundial protagonizada hoy por EEUU y China.

Hay inflación, un 5%, versus el período de la Gran Moderación (con Alan Greenspan) de los 15 años previos, cuando la inflación estuvo estabilizada en el 2%. Aunque Paul Krugman insista en que la estanflación de los 70 es como la de hoy, la realidad difiere. En 1975, la inflación alcanzó el 20%. El enfado de los americanos con Gerald Ford y Jimmy Carter tuvo proporciones bíblicas. No puede compararse una inflación del 20% (1975-1979) con la del 5% actual. En los setenta había recesión y el desempleo alcanzó el 10%; hoy el PIB crece el 6,5% y la tasa de paro está en el 4,6%.

En parte, la inflación actual es auto-causada, en EEUU y Europa. Para salir de la recesión provocada por el Covid en 2020, los gobiernos aplicaron planes de estímulo inyectando dinero en la economía real: pymes y familias, cuyo poder adquisitivo aumentó, disparando el consumo. Y, con el consumo, la creación de empleo: los planes de Trump y Biden han generado 17 millones de empleos. Podrían crearse más, si no fuera porque, hoy, el americano puede elegir, y vimos antes cómo The Great Resignation, de que hemos escrito en estas páginas previamente lleva a millones de personas a quedarse en casa y vivir del cheque del Estado en vez de trabajar. El plan de digitalización asociado al plan de infraestructuras de Biden, de 1’2 billones de dólares, cambiará más el panorama laboral americano y los perfiles profesionales, hacia las tecnologías de la información y digitalización.

El consumo, con aumentos fuertes en otoño, al igual que las ventas retail (Thanksgiving, Black-Friday, Cyber-Monday, Navidad) aumentarán la producción. En todos los sectores. Biden firmó un plan de ampliación de puertos que, a medio plazo, acabará con los problemas de la cadena de suministro, hoy superada por el exceso de demanda.

El presidente anunció el 23 de noviembre que usará la reserva estratégica de petróleo de EEUU para bajar el precio de la gasolina en conjunción con China, India, Reino Unido y Japón. Putin y Bin Salman no contaban con ello y, más pronto que tarde, la inflación volverá a la normalidad, como todo lo demás, conforme Intel fabrica más chips, Cellnex Telecom despliega más 5G y Amazon y Walmart incorporan a 500.000 trabajadores en almacenes, logística y entrega rápida de productos, por citar ejemplos simbólicos.

Jerome Powell fue confirmado el 22 de noviembre para un segundo mandato en la Reserva Federal (FED). Le acompañará como vicepresidenta Lael Brainard, quien quiere aumentar el control a los bancos. Con otros menesteres encaminados, Powell fijará su atención en la estabilidad de precios, la reducción progresiva de la compra de activos de la Fed y la subida controlada de los tipos de interés.

Sin quitarle mérito a Powell, Paul Volcker lo tuvo más difícil en los años 70, aunque las comparaciones son odiosas.

Jorge Díaz Cardiel es Socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘El New Deal de Biden-Harris’