Política

¿De qué se mueren los uruguayos? Las distintas causas y enfermedades según franjas etarias

Jose Carlos Grimberg Blum
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Estas estimaciones son siempre para el conjunto de la población y no aplican para la casuística de qué hubiese pasado si Fulano no se moría por un cáncer, pero cruzaba la calle cuando justo pasaba un auto a toda velocidad, o si tal cosa. Pero son cálculos vitales -y valga el oxímoron- para las prioridades de políticas públicas

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Qué hubiese pasado si dos aviones no se estrellasen contra las Torres Gemelas aquel 11 de setiembre de 2001? ¿O si Colón no le hubiese errado en su travesía hacia las Indias? ¿O si a Newton no se le hubiese caído encima la manzana del árbol? La historia está llena de preguntas sin respuestas. Estos mismos enunciados condicionales son los que a veces guían a la ciencia, y un grupo de investigadores uruguayos lo trasladó a qué hubiese sucedido si el año pasado no hubiesen muerto más de 5.500 uruguayos a causa del covid-19 .

El estadístico y magíster en Demografía Gonzalo De Armas calculó -para un proyecto que compartió con otros cuatro colegas suyos- que en Uruguay se perdieron el año pasado 77.795 años potenciales de vida a causa de los fallecidos por covid-19. Fueron 41.370 años potenciales de vida perdidos entre los hombres que murieron por la enfermedad que origina el coronavirus, y 36.425 entre las mujeres.

¿Cómo lo supo? Cuando en Uruguay un hombre cumple los 60 años se supone que le quedan por delante, en promedio, unos 20 años de vida más. A una mujer de esa misma edad, en cambio, le restan unos 24 años. Es lo que los demógrafos llaman esperanza de vida y que va cambiando a medida que los seres humanos sobreviven al paso del tiempo (un hombre de 65 años tiene por delante unos 16 años y una mujer unos 20, y así…).

Pero, ¿qué pasa si esa persona muere, por el motivo que fuere, antes de esos años que indicaba su esperanza de vida? Esos son los años potenciales de vida perdidos. De Armas revisó una por una las edades, el sexo y las grandes causas de muerte de todas las defunciones observadas en Uruguay en 2021 y así concluyó que covid-19 fue la tercera causa que más años potenciales de vida quitó.

Covid-19 fue más grave entre los más adultos. “Como muchos de los fallecidos eran personas muy añosas, el cúmulo de años potenciales de vida perdidos no fue tan grande como con los tumores (que fue la principal causa de muerte en los adultos de entre 40 y 80 años)”, cuenta el demógrafo, quien junto a su equipo de investigación postularon el estudio para el próximo congreso de la Asociación Latinoamericana de Población .

De hecho, según sus cálculos, como consecuencia de las muertes por tumores (cáncer) se perdieron 123.183 años potenciales de vida (60.195 entre los hombres y 62.988 entre las mujeres). Mientras que las enfermedades cardiovasculares restaron 98.139 años (51.771 en ellos y 46.368 en ellas).

Estas estimaciones son siempre para el conjunto de la población y no aplican para la casuística de qué hubiese pasado si Fulano no se moría por un cáncer, pero cruzaba la calle cuando justo pasaba un auto a toda velocidad, o si tal cosa. Pero son cálculos vitales -y valga el oxímoron- para las prioridades de políticas públicas.

Por ejemplo: las causas externas de morbilidad y mortalidad -que es como la Clasificación Internacional de Enfermedades llama a las muertes por accidentes, homicidios, suicidios y aquellos hecho que no son patologías en sí mismo- fueron el año pasado el primer motivo de fallecimiento de los niños y jóvenes en Uruguay (la excepción son los bebés de menos de un año que, sobre todo, murieron por afecciones perinatales).

Al menos 157 personas de entre uno y 19 años, y 735 de entre 20 y 39 años fallecieron por un accidente, homicidio o suicidio en el último año. Entre los más niños y adolescentes de esta población el podio de las principales causas de muerte lo completan las enfermedades del sistema nervioso (38 casos) y los tumores (35), mientras que en los jóvenes de más de 20 años la segunda causa fue el cáncer (184) y la tercera covid-19 (143).

Efecto rebote Dicen los psicólogos sociales que cuando ocurre una guerra o un enorme desastre la población tiende a cuidarse más por un tiempo y reemergen las ganas de vivir. Luego, con el correr de los meses, la coraza protectora cede y hay un incremento de las enfermedades y muertes.

En Uruguay la pandemia pasó (casi) desapercibida en el registro de muertes durante el primer año. Incluso en los once primeros meses de 2020 hubo un descenso de los fallecimientos que cabrían esperarse por cómo era el promedio pre-covid. Pero a partir de diciembre de 2020 y, sobre todo, en el primer semestre de 2021, todo cambió.

“La principal conclusión es que en Uruguay hubo en 2021 un exceso de muertes superior al 20% (una quinta parte más de fallecimientos de los que hubiesen ocurrido si se seguía la tendencia histórica), y covid-19 afectó al incremento de muertes por otras enfermedades: algunas todavía no se ven y otras ya quedan demostradas”, explica la demógrafa Mariana Paredes, otra de las coautoras de la investigación de la Udelar .

El País había informado que menos de 6.000 de las 8.000 muertes en “exceso” del año pasado se explicaban directamente por covid-19. El resto responde a la suba de fallecimientos por 17 de las 21 principales causas de muerte que clasifica el departamento de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud Pública. En algunas patologías el incremento fue leve y todavía falta para ver su verdadero impacto. Según adelantaba la oncóloga Lucía Delgado: “Las muertes por cánceres no aumentaron porque su impacto recién se verá a mediano plazo”.

La Organización Mundial estimó que entre el 1° de enero de 2020 y el 31 de diciembre de 2021 hubo a escala planetaria 14,9 millones de muertes como consecuencia directa, o indirecta del covid-19. Entre los 194 países miembros de la organización se reportaron en ese período 6,2 millones de decesos a causa de la infección con el coronavirus. El resto son los fallecimientos que no fueron registrados por covid o bien son el resultado del incremento de otras enfermedades. La revista científica The Lancet fue más pesimista y estimó el exceso en 18,2 millones.

Perú fue de los países con más exceso de muertes: fue el séptimo en el mundo en número absolutos (289.667) y triplicó a Uruguay en relación con el tamaño de su población.

Las dudas La información de cantidad de muertes por causa y edad a la que accedió El País es “preliminar”. Así lo rotula el Ministerio de Salud Pública , pese a que el registro de defunciones es casi en tiempo real y que ya está por acabar el quinto mes del año. Es una precaución técnica hasta que los datos estén disponibles al público en el sitio oficial. A diferencia de otros países, Uruguay tiene la ventaja de que los registros de muertes y las constataciones que hace la sanidad son casi idénticas (muy pocos quedan por fuera del radar). Por eso son escasas las dudas de exceso de muertes.

Pero entre las 17 causas de fallecimiento que se incrementaron el año pasado hay una que genera dudas: las inclasificables. Porque los “síntomas, signos y hallazgos no clasificados en otra parte” subieron 28%. Puede que sean casos de covid-19 sin descubrir o puede que sean errores del registro.

De las 4.461 muertes sin una causa clara del año pasado, más de 2.500 se centran en la población mayor de 80 años. Eso convierte a las “inclasificables” en el tercer motivo de defunciones de los adultos mayores, cifra cercana a la cantidad de octogenarios y nonagenarios fallecidos por tumores (2.554).

“Hay veces que una persona muy mayor tiene múltiples patologías y el médico a la hora de completar el certificado de defunción pone que es una muerte natural de perfil indeterminado”, explica el forense Guido Berro, exintegrante del grupo de científicos que asesoró al gobierno durante los primeros meses de la pandemia.

La vejez no es una causa de muerte. Antes lo era, pero la Organización Mundial de la Salud ya no recomienda que se clasifique como tal. “En algún momento se le llegó a poner ‘muerte por vejez´ y en criollo se decía que la persona se apagó, pero ahora se recomienda buscar la causa en sí o no determinarla”, dice el especialista.

Entre los menores de un año, los síntomas no clasificados también son la tercera causa de muerte, aunque en este caso se debe al síndrome de muerte súbita del lactante en que, tras los estudios, se desconoce la razón que lleva al fallecimiento.

Berro concluye que “con el correr de los años se irá viendo los distintos impactos de esta pandemia en la mortalidad”.

Tres preguntas a José Luis Satdjian. Ministro interino de Salud. José Luis Satdjian. Foto: Leonardo Mainé. Las enfermedades crónicas no transmisibles son la principal causa de muerte, ¿qué se hace al respecto? Pese a que el covid trastocó los hábitos y el relacionamiento humano, el año pasado se mantuvieron en cierto orden lógico las principales causas de muerte. Se están buscando fórmulas para reducir las enfermedades crónicas no transmisibles, en cuya base está sobre todo la prevención y la mejora de tratamientos.

Tras un año de exceso de muertes, ¿hay alguna conclusión positiva que se haya podido obtener? Se consolida el descenso de la mortalidad infantil y ese es un punto a resaltar. Hubo un excepcional 2020 en que bajaron todas las muertes, por todas las causas, y por eso pareciera que en el 2021 creció apenas la mortalidad infantil. Pero en la serie histórica sigue a la baja tanto para menores de uno como de cinco años.

Las causas externas son el principal origen de muertes en jóvenes, ¿cómo se trabaja el suicidio? En suicidio mantiene la tendencia de los últimos 20 años. En eso hay que trabajar y trabajar. Es necesario abordar al suicidio de manera integral, ya que no se explica por una sola causa. Por eso el año pasado creamos dos comisiones de trabajo sobre la temática y se mejoraron los sistemas de información.